Me gusta la Navidad y realmente la he disfrutado mucho o muchísimo cuando nuestros hijos

han sido pequeños pero hace ya algunos años que me eXtresa el eXceso de todo su pack.

En la decoración cada vez soy más simple y fiel al lema “menos es más”, la Navidad se lleva la

palma en inundar la casa de cachibaches que esperan en cajas todo un año para rellenar

aquellos pobres rincones que respiran de soledad.

Ya hace tiempo que la inspiración en la decoración nórdica corre entre mis neuronas, este año

compramos un cedro natural y solo le viste una guirnalda de mini leds de luz cálida.

Sobre el mueble del comedor un gran ramo de eucaliptos, abeto, noble y magnolio… así que

queridas cajas este año no os abro, no os escojo, no os saco de paseo por casa, aunque

tampoco podré sentir el placer de desmontar y de volver a la normalidad después de guardarlo

todo otra vez.

 

 

No hablemos de los demás eXcesos del pack, las comidas, la familia, los regalos… es como que

una corriente que te arrastra a toda velocidad sin posibilidad de pararte a pensar si quieres o

no.

Mi propuesta personal de esta Navidad también trata de simplificar en lo que pueda, intentaré

no comer ni beber sin control aunque en la eterna sobremesa me mire de reojo la bandeja de

turrones y me diga bajito otro más! Claro que con mi padre rellenándome la copa sin tregua,

algo sólido tendré que tomar…

Uno de los momentos que no perdono es la visita al mercadillo de Navidad de BCN, no hay

nada como pasear entre las casetas y oler los abetos, el musgo, el eucalipto, me quedo con

ello.

Así que esta Navidad en cuanto tengáis un momento en las comidas, cenas, risas, calles… cerrad los ojos

y oler o escuchad lo que os ofrece este momento seguro que será para archivar en nuestro

cajón interior.